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La piscina

Tus ojos estaban quietos con la mirada perdida en el horizonte, allí donde la línea del mar se junta con el cielo. De pie, en aquella terraza que mira sobre el mar, los brazos apoyados en la barandilla y el cuerpo ligeramente inclinado sobre ella. El sol calienta tu espalda y la brisa sube por el acantilado acariciando la piel de tus mejillas. A tu espalda la piscina, con su agua caliente, reflejando el azul intenso del cielo de una tarde de verano.

Tu mirada esta en una nube, aquella frente a ti, igual que algodón. Tu mente la moldea sugiriendo figuras conocidas y a la vez tu cabeza acaricia el deseo de sentir unas manos en tu cuerpo, unas manos que lleguen por tu espalda y con suavidad se posen en tus hombros. Crees percibir el calor y el movimiento de esas manos, recordando un masaje donde los dedos presionaban tu carne, relajando los músculos del cuello, apretando en la piel y deslizándose por los hombros.

Inconscientemente tu cabeza describe un sinuoso movimiento saboreando esa imaginaria sensación. Cerrando los ojos y casi al instante crees percibir un calor conocido en la espalda, un ligero roce sobre ella. Pero en vez de mirar hacia atrás y comprobar si es cierto que hay alguien, prefieres que esa sensación continúe y no desaparezca, temes que al girar se evapore ese sueño. Tu deseo hace que esas sensaciones recorran la piel, consiguiendo que el vello se te ponga de punta y parezca piel de gallina. Es casi real la sensación que te abraza y hace aumentar tu calor. Un pecho en tu espalda, unas manos que ahora recorren la cintura dibujando caricias alrededor del ombligo. Tu vientre se estremece con esa sensación, un agradable cosquilleo recorre tu cuerpo desde las piernas, subiendo por la espalda hasta tu cabeza y a la vez hace que despierte una sensación humedad en tu sexo.

De repente un ruido a tu espalda te hace salir del letargo, y recuerdas que hace unos segundos ya no percibías esas caricias imaginarias sobre tu piel. Pero tu imaginación te hacía pensar que todavía estabas saboreándolas y sintiéndolas. Con un movimiento reflejo te giras para averiguar cual es el origen del ruido que te ha despertado. Te das cuenta que es el ruido familiar que produce un cuerpo al entrar en el agua. La superficie de la piscina esta aún revuelta y alguna pequeña gota ha salpicado hasta tus pies. Ahora te fijas y descubres una silueta moviéndose bajo el agua, agitando los brazos y las piernas, buceando con suavidad. Se aleja de ti hacia el final de la piscina, pero lo ves girar bajo el agua y ahora se acerca de nuevo al bordillo de donde saltó.

Otro ruido te hace temblar un poco, porque tu mente todavía mantiene un nexo de unión con el sueño que estabas viviendo. Ves emerger la cabeza, el pelo echado hacia atrás escurriendo agua y un resoplido expulsando el aire, ese aire que tú conoces tan bien.

Ves mi rostro, los brazos cruzados sobre el bordillo y mi cara sobre ellos. Mis ojos en tu mirada diciéndote sin palabras que vengas hacia mí. Tu mirada desprende deseo, pasión, excitación y confusión. ¿Será real, o es continuación del sueño?...

Un impulso irrefrenable quiere llevarte hacia mí. No te habías dado cuenta pero tus manos se quedan atrás agarradas a la barandilla. No recuerdas cuando las pusiste ahí, pero ahora te da igual, abres los dedos y te liberas para poder continuar hacia donde tu cuerpo quiere llegar. Sigues mirándome, no pierdo tu rostro a pesar de las gotas que resbalan por mis ojos. Un gesto embarga tu cara, muerdes el labio inferior mientras avanzas hacia la escalerilla. Es un gesto de deseo que me transmites imaginando el calor que llevas dentro. Contemplo tu figura andando sobre el blanco y caliente suelo. Tus piernas parecen flotar sobre él y todo tu cuerpo las acompaña ligero como la brisa. Cuando me doy cuenta tus manos están en la escalerilla, tu cuerpo gira dándome la espalda para poder bajar los escalones. Me excita ver tus caderas, tu culo tapado con la única prenda que llevas sobre ti, un tanga que deja ver la fina piel que lo rodea. Tus pasos hacia atrás bajando cada peldaño parece que suceden en cámara lenta..., ¿o es así como mi mente lo imagina?. La punta de un pie rompe la superficie del agua, primero uno y después el otro, poco a poco tu cuerpo se sumerge en el agua.

No quiero dejar pasar un segundo más lejos de tu piel y dando un impulso voy hacia ti.

Ya estas dentro del agua completamente y cuando giras para mirar hacia mi yo llego a tu lado, tus brazos se echan sobre mi cuello, tus piernas rodean mi cintura, y yo me agarro a la escalera para sujetar nuestros cuerpos. El peso no existe en el agua, pero tu calor me llega a través de los poros de mi piel, con la humedad líquida y caliente que nos une. Tus labios ardientes se posan en los míos y sientes el frescor del agua que hay sobre ellos, a la vez yo siento el contraste del fuego que desprenden los tuyos. Nos besamos con dulzura, mezclando en nuestras lenguas sabor y caricias.

La excitación se apodera de mi, entre mis piernas siento la dureza creciente de mi pene. El deseo incontenible de entrar por la suave y caliente entrada de tu sexo que ahora está pegado a mi vientre. Me tienes aprisionado con tus piernas, ¿o eres una parte más de mi?. Quiero fundirme contigo y tú deseas lo mismo. Tus duros pezones rozan con los míos a través del agua y la excitación nos vuelve locos. Tus caderas se contonean moviéndose hacia abajo, buscando la dureza que deseas tener dentro de ti.

Tu sexo se aprieta contra mí, lo siento confortable y mullido, caliente y hambriento.

Llevo una mano a mi bañador para empujarlo hacia abajo y tú separándote un poco dejas que siga bajando por mis piernas y ayudando con tus pies consigues quitármelo del todo. Ahora vuelvo a sujetarme a la escalerilla y te vuelves a apretar contra mí, sientes mi pene entre tus piernas, presionando tu sexo y tu clítoris hinchado. No resistes más y quieres sentir mi calor en tus entrañas. Con una mano tuya separas la pequeña tira del tanga, a la vez que coges mi pene con tus dedos para guiarlo hacia tu entrada. Es increíble la sensación que me recorre cuando mi punta roza los labios calientes de tu sexo, es como una boca ardiente que me rodea y succiona.

Un leve movimiento de mis caderas hace que entre un poco más en ti, y provoca que salga un gemido de tus labios. Tus piernas se aprietan un poco más contra mi culo y consigues deslizarte hasta el fondo. Estoy totalmente dentro de ti. Nos besamos con desenfreno, mordiendo con suavidad los labios, sintiendo el calor que nace en el centro de nuestros cuerpos.

Ahora paramos de besarnos, y nos miramos a los ojos. Tu mirada me traspasa y cala mis huesos. En ese momento de tranquilidad siento los músculos de tu vagina dan pequeños golpecitos alrededor de mi pene, son como anillos que me aprisionan en olas de placer. El palpitar de nuestros corazones late desenfrenado, la respiración agitada nos lleva a cabalgar de nuevo y a un ritmo cada vez más rápido. Mis manos se agarran a los tubos de la escalera para poder mover nuestros cuerpos con más energía, mientras tú apoyas las manos en mis hombros para moverte también con más fuerza. Siento como entro y salgo de ti, los movimientos son muy fuertes, pero el agua hace que parezcan suaves y delicados. El golpear de tu vientre con el mío dentro del agua hace que sintamos una sensación extraña, como si flotáramos en las nubes. Envueltos en agua cada movimiento se convierte en una caricia, miles de caricias repartidas por cada rincón de nuestro cuerpo nos inundan de placer.

Estoy a punto de correrme y de mi garganta surgen gemidos incontrolados que contagian tu placer, juntamos nuestras bocas y tus gemidos se ahogan con los míos, como queriendo acallarlos, pero ahora pienso que era al contrario, juntos retumbaban en nuestras bocas, nuestras gargantas, nuestro pecho.

Siento los espasmos que agitan tu cintura, recorriendo el vientre y centrándose en tu sexo. Eso hace que yo estalle en una ola de placer que recorre mis piernas y desemboca en latigazos que sacuden mi pene desde la raíz a la punta, descargando todo el líquido que hay en mí, sintiendo como atraviesa cada milímetro de recorrido en chorros que inundan tu interior.

Me aprietas con los brazos cuando tu cuerpo entero gime de placer. Olas en tu cuerpo y olas en el agua que se extienden por la superficie mientras la placidez embarga nuestros cuerpos.

Las nubes han cambiado de forma, el sol sigue calentando y un dulce beso se posa en tus labios mientras flotas en el agua.
¡No te quedes dormida cielo, que el sol te puede quemar!

 
Mucho más sexo muy fuerte.
 
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